"Es, de hecho, un sentimiento de abandono.
Como un abandono paterno, como si tu padre te dijera que no te quiere,
se siente como un frio, como una carencia, como una impotencia, como una traición una traición, incluso.
Pero dejar de llorar (si bien necesario para mantener apariencias de bienestar o incluso sanidad) se siente mucho peor. Porque en ese instante llorar es un hambre, una sed, una necesidad absoluta. Y la negación de tal deseo seria o produciria una suerte de desublimación destructiva.
La represión del instinto de muerte produce una mutación del objeto, y repente llorar no satisface el deseo. De repente, no hay satisfacción, ni saciamiento al alcance, solo hay necesidad, solo un agujero, solo hambre."
Ceferrede, Ezio.
Como un abandono paterno, como si tu padre te dijera que no te quiere,
se siente como un frio, como una carencia, como una impotencia, como una traición una traición, incluso.
Pero dejar de llorar (si bien necesario para mantener apariencias de bienestar o incluso sanidad) se siente mucho peor. Porque en ese instante llorar es un hambre, una sed, una necesidad absoluta. Y la negación de tal deseo seria o produciria una suerte de desublimación destructiva.
La represión del instinto de muerte produce una mutación del objeto, y repente llorar no satisface el deseo. De repente, no hay satisfacción, ni saciamiento al alcance, solo hay necesidad, solo un agujero, solo hambre."
Ceferrede, Ezio.
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